Después del verano la vuelta a lo de cada año: los buenos propósitos cruzando los dedos para que esta vez sí sean cumplidos, los días más cortos, el regreso de la rutina, del trabajo diario, el estrés, los atascos… Es como si nuestro corazón se preparara para albergar el otoño antes de tiempo.
He encontrado un poema tal vez anticipado pero válido:
“Confianza eterna”
Mientras piso las crujientes, crujientes, crujientes hojas
Del Esplendor del Otoño
Le pregunto a los arces ¿cómo os entregáis así?
Estáis con la cabeza alta, agitados por el viento,
diciendo adiós a cada uno de vuestros coloridos amigos.
¿Cómo lo hacéis y por qué no lloráis?
Os desprendéis de vuestro escondite sin ni siquiera un suspiro.
Uno me roza el brazo suavemente y me susurra:
Confianza, querido niño, ten fe y verás que
aquello de lo que nos desprendemos deja sitio para lo nuevo,
y que lo que es válido para nosotros, también lo es para ti.
Anónimo
Cuando se cierra una puerta, se abre una ventana.


Domingo, 5 de Septiembre de 2010 a las 1:05 pm
Oportuna entrada. Sobre todo para los catalanes, para quienes la vuelta al cole será el próximo día siete.
También es necesario recuperar la rutina. Los niños lo necesitan, pero los padres, ni te cuento.